Encuentros

A Juana Ruiz le gusta lo ecléctico, lo vintage. Guarda revistas viejas tiradas en lugares random y las enmarca como si fueran reliquias. Enmarca texturas, tramas, colores. Como cuando a un bicho lo meten en ámbar o la pasta que sea y lo embalsaman. Uno a uno va coleccionando estos marcos, como un álbum de fotos de familias ajenas. Almuerza mirando su pared llena de cuadros. Cuando los ve demasiado prolijos, los desarregla. Fuerza la gravedad. Como si con eso lograra tener algún tipo de impacto en la vida de sus protagonistas. Como si cada marco fuera un pequeño timón o engranaje, parte de un mecanismo mayor que ella activa, esperando respuesta. Una señal de vida. Gira uno y sigue caminando, secándose el pelo o tomando un mate. Su mayor emoción y expectativa es cuando suma un nuevo cuadro. Como si fuera una nueva esperanza. Una botella llegando a la costa con un mensaje vacío. Una invitación al diálogo.

Cuando va a la peluquería hace contrabando de revistas. Espera a que la peluquera vaya al baño o le cobre a una clienta para arrancar esa hoja mágica para su nueva colección.

Todo empezó una noche noviembre. Llevaba un solero de encaje y toda la noche encima. Sentada en el medio de un salón exhausto, cerró los ojos e inspiró profundo. Cuando exhaló se le escapó un odio viejo, resentido, que incendió los jazmines del centro de mesa. La calidez le hizo abrir los ojos para descubrir, espantada, las ramas arder. Los pétalos desmembrarse y caer en el mantel de tela. Uno tras otro, dejando las siluetas ovaladas delineadas en fuego. Su primera intuición fue asustarse. Inmóvil, temblaba sentada en una mesa, ardiendo. Quería correr pero el fuego la abrazaba, como podía.

Diseñadora Gráfica y Artista Visual de Buenos Aires

Diseñadora Gráfica y Artista Visual de Buenos Aires