El otro día volví con lluvia. En verdad no puedo decir con seguridad si estaba lloviendo o no. Yo llovía y no podía distinguir qué pasaba a mi alrededor. Me subí a un 93 llorando. Nos dimos un beso de despedida. Por un segundo obvié todo y te saludé como si fuera un día cualquiera. “Acha e Iberá” y me senté a la izquierda, en la hilera de los lugares solitarios, pegada al vidrio, mirando el vidrio, queriendo hundirme ahí. No quería que nadie se me acercara a preguntarme si estaba bien. Sólo quería llegar a casa.

Me adelanté al…


Estelita anda fruncida por las calles de Saavedra. Si la vieras de costado vislumbrarías una letra P mayúscula, redondeada. Con las cervicales hacia adelante, Estelita adquiere una posición de Tyrannosaurus rex. Con sus manitos juntas, sosteniendo de forma incómoda su micro cartera. O su maxi monedero. Cuando se olvida los bifocales, ella anda con el ceño fruncido, como dudando hacia dónde va. Este acto se traslada a su boca, que también frunce, como cuando te estás pintando con un labial. Muchas líneas paralelas se marcan, una al lado de la otra, en su piel sin elasticidad. Estelita lo único que…


No siento más la furia en mis manos, la garganta trabada, el estómago revolverse. Me liberé de esto que no me pertenece. De esta mala sangre que heredo siempre, de otros. De mi permeabilidad a lo ajeno. Me harté de sufrir por otros. De querer resolver problemas que no tienen nada que ver conmigo.

Me decidí a afrontar la puntada de la crisis por venir. Del conflicto que se hace presente debajo de las situaciones más inocentes. Toda una pila de horas enterradas saliendo a flote ante el mínimo movimiento equivocado, en el tiempo y lugar que no debía ser…


De todas las cosas que disfruto, las que me sacan una sonrisa son las que me sorprenden. Y entiendo la dificultad de aconsejarte que te sorprendas, pero pensalo como un desafío. La sorpresa a mí me visita en los lugares más extraños y en cualquier horario del día. Tiene eso de linda; lo imprevisible. Y te digo, no funciona si tratás de repetirlo. Seguir las instrucciones no te lleva a la sorpresa. Tenés que olvidarte un poco de esta tarea para poder encontrarla. Te recomiendo entonces que te vayas un poco de vos, que te dejes deambular por la vida…


Le puse un anillo antes de que se la llevaran. Quería acompañarla, de alguna forma. El anillo que había comprado en Notting Hill, 2 años atrás, en un local de alhajas con piedras de muchos colores. Supuse que le iba a encantar por lo llamativo. A la Abuela le gustaba mucho usar collares, anillos y aros. Pero solo los que pellizcan la oreja, porque no tenía más agujeritos. Siempre me olvidaba de eso cuando le comprábamos regalos. Mamá se acordaba.

Le puse el anillo no sé en qué dedo. Me gusta pensar que fue en el medio, el dedo de…


Sara tantea la pared en la penumbra hasta encontrar el interruptor. Una habitación ajena se enciende con furia, susurrándole directo a los ojos. Aturdida, apoya su peso en el picaporte. Lo que antes era apenas un murmullo se vuelve nítido, como si un parabrisas hubiese destapado su cabeza. Intenta pasar desapercibida pero se encuentra con miradas cómplices que se ríen de su andar dudoso. De forma intermitente avanza, arrastrando sus manos en la pared, el sillón, la espalda de alguien. Y se sienta, delicadamente.

En su cabeza todo sucede más lento que afuera. Los amigos de Mariano dibujan sombras multicolores…


A Juana Ruiz le gusta lo ecléctico, lo vintage. Guarda revistas viejas tiradas en lugares random y las enmarca como si fueran reliquias. Enmarca texturas, tramas, colores. Como cuando a un bicho lo meten en ámbar o la pasta que sea y lo embalsaman. Uno a uno va coleccionando estos marcos, como un álbum de fotos de familias ajenas. Almuerza mirando su pared llena de cuadros. Cuando los ve demasiado prolijos, los desarregla. Fuerza la gravedad. Como si con eso lograra tener algún tipo de impacto en la vida de sus protagonistas. Como si cada marco fuera un pequeño timón…


Mati tiene esa costumbre de hacer una mueca con la boca al pensar. Sucede cada vez que tenemos que definir cosas importantes como qué plato pedir de la carta, el horario de la alarma o qué somos. Pone los ojos en blanco, como atravesando el papel y paredes, y frunce los labios a la par que se pellizca el cachete derecho desde adentro. Como el juego del cuchillo y la mano sobre la mesa de madera, a veces erra. …


Hoy estamos medio así, como un foco de luz desajustado. Haciendo falso contacto. Tratando de entender una muerte a distancia. Desapareciendo de a ratos. Volviendo de repente. Mirando pantallas que nos miran mirarnos para adentro. Mirar lo profundo, el pasado, la nada.

Los días así trazo una línea imaginaria que conecta todos los otros días así. Y me pliego en el tiempo habitando esas ausencias a la vez. Como en una superposición, me abrazo y recuerdo que todo pasa pero todo deja huella. Y que uno elige qué tejer con el recuerdo.


La tormenta siempre se anuncia. Le gusta lo dramático pero también lo sutil. Los detalles que desliza al pasar. Porque la tormenta no es solo el rayo, el exabrupto, el límite. La tormenta es el tiempo que te trajo hasta hoy. Es proceso. Es también sol.

Me gusta verla llegar. Siempre la veo llegar. La abrazo, sabiendo que es imposible esquivarla. Esquivarse. La respiro, sabiendo que se va a llevar algo consigo. Lo aparentemente inextirpable. Ese espacio que parece vacío, pero que es. No se puede ser inmune a la tormenta.

Ju Radicich

Diseñadora Gráfica y Artista Visual de Buenos Aires

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