Hoy estamos medio así, como un foco de luz desajustado. Haciendo falso contacto. Tratando de entender una muerte a distancia. Desapareciendo de a ratos. Volviendo de repente. Mirando pantallas que nos miran mirarnos para adentro. Mirar lo profundo, el pasado, la nada.

Los días así trazo una línea imaginaria que conecta todos los otros días así. Y me pliego en el tiempo habitando esas ausencias a la vez. Como en una superposición, me abrazo y recuerdo que todo pasa pero todo deja huella. Y que uno elige qué tejer con el recuerdo.

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La tormenta siempre se anuncia. Le gusta lo dramático pero también lo sutil. Los detalles que desliza al pasar. Porque la tormenta no es solo el rayo, el exabrupto, el límite. La tormenta es el tiempo que te trajo hasta hoy. Es proceso. Es también sol.

Me gusta verla llegar. Siempre la veo llegar. La abrazo, sabiendo que es imposible esquivarla. Esquivarse. La respiro, sabiendo que se va a llevar algo consigo. Lo aparentemente inextirpable. Ese espacio que parece vacío, pero que es. No se puede ser inmune a la tormenta.

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